miércoles, 9 de abril de 2014

Los pases de guardia

Otra joyita de nuestro amigo Sebastián, aprovecho para compartirla, es un lástima que quede tirada en la bandeja del entrada del mail de solo unos pocos privilegiados que estamos en su lista


EL PASE 
En nuestra profesión tenemos cosas que, aunque no debieran, causan terror. Tal es el pase de guardia, el "pase" como le decimos en la jerga médica criolla.
Para los que no hagan medicina, les cuento que no es el pase que te hace el médico general para un especialista, ese papelito con letras ilegibles. No. El pase es un momento de duración variable en el que un médico (o un grupo de médicos) que estuvieron de guardia, pasan a sus colegas entrantes las novedades del lugar donde trabajan. Ocurre en los hospitales dos veces al día. A las 8 y a las 20. Por ello es que si uno va a consultar a una puerta de emergencias a esas horas, difícil que agarre a un médico que lo atienda, a no ser que sea algo de vida o muerte (literalmente). Una enfermera con cofia como salida de un sketch de Gasalla le dirá que espere. Además el pase de las 8 de la mañana es el más jugoso, por adjetivarlo de alguna manera.
¿Qué sucede en ese famoso pase? ¿Porqué vengo con este cuento? Es que en ese lugar no hay lo que NO suceda. Es como esas películas que tienen de todo: drama, tragedia, comedia, locura y suspenso. De todo. En el se juntan dos grupos en dos etapas diferentes. Los médicos de guardia entrantes y los salientes. Los legañosos y los despabilados. A estos se le añade un tercer grupo, el de los jefes de servicios y supervisores. A veces se invita a las nurses, las capataces de enfermería para que acudan a la cita y allí ellas van con sus petates. Cerradas las puertas del cuarto médico, la función comienza. ¿Quieren que les cuente? Aclaración: todo parecido con la realidad, en cuanto a los personajes y hechos aquí retratados, son producto de la mera casualidad....Comencemos.
Marta es la médica que entregaba la guardia y no había tenido un buena guardia. Desde la ventana del hospital la mañana se veía linda, soleada, pero la guardia había sido una tormenta. Doce horas intensas. Marta había entrado a las 20 y ni bien le pasaron la guardia la nurse avisó que habían muchas consultas atrasadas y que la gente estaba protestando por la tardanza. Cuando apechugó con el otro compañero de guardia y los residentes las consultas, tuvo que llamar a la policía por un adicto que amenazó pegarles luego de acordarse de su madre un buen rato.... No había podido cenar sino hasta pasada la medianoche, si es que puede llamársele cena a una milanesa con fritas frías, tragada a las apuradas en 10 minutos. Habían comido todos a destiempo porque el trabajo no cesaba y se fueron turnando como pudieron. Las horas fueron pasando y a pesar de que el sueño crecía, las consultas no. Y los problemas menos. Se les descompensó un paciente y otro se les murió otro. Marta tuvo que pasar largo rato consolando a los familiares y cuando culminó con la burocracia mortuoria, al mirar el reloj pulsera se dio cuenta que faltaban 40 minutos para terminar su guardia y que comenzara el pase.
Entonces organizó como pudo su equipo de guardia y dividió las tareas. Así se fueron yendo los pacientes que habían observado la noche (con unas palmadas dio el alta a un borracho que llegó todo maltrecho sobre la medianoche llorando por su mujer), se agilizaron los ingresos que fueron pasando al sector de internación, se fueron atendiendo los dos o tres que habían consultado en la madrugada (infaltable uno con dolor de muelas) y Marta se puso a escribir como pudo y a los ponchazos un croquis de los pacientes que irían quedando para la guardia entrante. Le dio el tiempo para armar un mate y el bolso para no perder tiempo luego. Se fumó un cigarro con el portero menos diez y allí estaba, ocho en punto pronta para el pase. La otra jefa de la guardia ya se había ido porque entraba en una mutualista a esa hora.

Se hicieron las ocho y diez y la única que habían llegado fue una nurse supervisora que no tuvo otro tema de charla que comentar lo caro que estaba el tomate y que daban lluvia para la tarde... Marta siguió mirando el reloj y de pronto la puerta se abrió y se asomó el jefe del servicio que había decidido ir esa mañana. A Marta no le agradó eso porque la guardia anterior el jefe la había puesto en un apuro al llevarle la contra con una conducta que ella había tomado. Decidió ser concreta en este pase y tratar de hablar rapidito, para que los otros notaran que estaba apurada para llegar a otro lado. La única que sabía que se iría a dormir toda la mañana era ella, pero no se lo iba a decir a nadie.

-¿Un mate jefe? y extendió su mano con el tercer mate de la ronda intentando amenizar la jornada.
- No Marta, yo no tomo mate ¿recordás?
Marta olvidó ese pequeño detalle, se sintió bastante incómoda y pasó a la nurse el mate. Marta adoraba a aquel hombre que tanto sabía y tanto le había enseñado en su época de residente, pero el tiempo le fue enseñando que ni ella era tan mala en lo que hacía, ni aquel hombre era ningún dios. Estando en esas meditaciones el susodicho ordenó.
- Bueno Marta ya son y cuarto, pasame la guardia a mí mientras que viene el resto-. Aquel gesto tomó a Marta por sorpresa y aunque quedó sin palabras comenzó. - Bueno quedaron 10 pacientes en la guardia, en el área de observación...

Fue en ese momento que Angela, la compañera entrante, llegó. Simulando estar casi sin aire y medio despeinada fue pidiendo mil disculpas y con algunas excusas fue explicando su tardanza. La principal parecía era una trancadera de tránsito bárbara en la rambla. Aunque Marta no sabía si aquello era verdad, no le importaba. Ya se había puesto de mal humor y sintió como su cara se enrojecía. Angelaa siempre tenía una explicación -algunas inverosímiles y otras bastante elaboradas- para llegar tarde... Nunca le había dado el gusto de irse temprano... -¿Puedo seguir? escupió Marta a la mentirosa y entonces Angela puso sus bolsas al piso y se calló para escuchar. Marta prosiguió contando los pacientes que había y las novedades de la guardia.

Tras media hora de discusiones, debates, críticas y resoluciones Marta pudo huir. En el taxi de camino a casa intentó hacer un raconto del pase, y le fue imposible. Luego de la interrupción de Angela, muchas más le sucedieron. Fueron entrando uno tras otro y el cincha poroto se hizo tedioso, aburrido y peligroso. Y a Marta una de las cosas que más la desquiciaban eran las interrupciones a las que todo el mundo se está acostumbrando. Sus colegas los primeros. El neurocirujano que vino a ver a la paciente que no fue a ver cuando se lo llamó 4 horas más temprano, una médica de una emergencia móvil que con cara de suplicio apuró al primero que vio para que le firmara la hoja y le recibiera el paciente. La limpiadora que apareció pidiendo las llaves de la cocina para hacer sus tareas, una enfermera llamó a la nurse jefa para que saliera del pase para hablar con ella porque se tenía que ir a la media hora de descanso y adelante quedaban cosas por hacer. Hasta un familiar de un paciente se metió en el cuarto porque nadie lo paró antes. A Marta le fue casi imposible pasarle a la impuntual los detalles de la guardia porque se le olvidaron. Que la cama 3 estaba mejor de su examen respiratorio, que había que reclamar al laboratorio las muestras de sangre, que iban a enviar a un paciente del interior con un probable infarto para que lo evalúen...

Nadie la felicitó por el par de diagnósticos difíciles que hizo. Incluso un par de docentes le recriminaron sus conductas argumentando que esa no era la pauta del servicio y Marta ya para ese entonces no tuvo la fuerza para combatirles. Se quería ir de una vez y no quería contestarle lo que pensaba y que se metieran la pauta por donde quisieran. Antes de tomar el taxi, tragó otro pucho con el portero. Aquel fue el único que le preguntó qué tal había estado la guardia y le deseó buen descanso...
Los pases de guardia son fundamentales. Es un momento de intercambio y su calidad está acorde al nivel de asistencia que se presta. Varía de un lugar a otro, pero diré que los lugares como el de Marta, en donde campea lo irrespetuoso es en los lugares más grandes y donde hay gente que compite. Las viejas historias afloran, uno quiere ser mejor que el otro y entonces la cosa se desvirtúa. Hay otros colegas que intentan hacerse ver, tirar al blanco con algún diagnóstico e intentar tapar con esas excelentes interrupciones las cosas que no hace en otros lados. También están los que quieren hacer imponer su pensamiento sin escuchar. Por suerte no sucede todo el tiempo y hay lugares en los que los pases son un encuentro fraterno entre colegas que no se ven hace tiempo, uno se abraza y compadece al otro por la mala guardia que tuvo y le cuenta historias similares vividas. Se prende de veras. También se entienden las equivocaciones que todos tenemos, se acepta que el otro diga "no sé que tiene este pero tal cosa...".. La cohesión de los grupos y la uniformidad de los lugares de trabajos hacen de los pases lugares amenos y nadie tiene que ponerse nervioso cuando cuenta los acontecimientos...
Un mal pase de guardia aumenta la mortalidad de los pacientes atendidos. Eso está estudiado. Aumentan los errores y amén de nuestros egos el que se embroma es el paciente. Se olvidan las cosas, los detalles que hacen la diferencia y la dignidad de la persona cuando no sabemos los nombres o la cama que ocupa. La tendencia muestra que la mano viene como para que hayan más pases de guardia. Ojalá. Y digo esto porque es una ridiculez que sigamos trabajando 12 o 24 hs de guardia seguidas en nuestros trabajos. Más que ridículo debería ser ilegal. Todos los que han hecho guardias de 6 horas reconocen la diferencia.

Aunque no se sabe cuál es el mejor método para un pase de guardia , seguro será alguno en los que se construya el respeto desde todos los ángulos y prime la dedicación y el cariño por nuestra tarea ante todas las cosas. Nadie aprende con miedo. Les adjunto una revisión del tema en cuidados críticos pediátricos y un método desarrollado en EEUU para pediatría. Si alguien llegó a este punto, le mando un abrazo. Si alguien no lo hizo espero no haya sido por salir tarde a alguna guardia. Y si ven a algún enfermo esperando en una emergencia a las horas del pase avísenle que vuelva más tarde.
 Sebastián.

Adjunto a este mail, venían 2 artículos, les dejo los títulos para que los puedan buscar:

1) Comunicación en el pase de guardia en lasá reas de cuidados intensivos en un hospitaluniversitario. Estudio transversal. Dr. César A. Belzitia, Dr. Alfredo Eymanna, Dr. Eduardo Durantea,
Dr. Rodolfo Pizarroa, Lic. Silvia Carrióa y Dr. Marcelo Figaria - Arch Argent Pediatr 2014;112(2):119-123 / 119

2) I-PASS, a Mnemonic to Standardize Verbal Handoffs. P. Landrigan, Theodore C. Sectish and the I-PASS Study Group. Amy J. Starmer, Nancy D. Spector, Rajendu Srivastava, April D. Allen, Christopher
Pediatrics 2012;129;201; originally published online January 9, 2012; DOI: 10.1542/peds.2011-2966

martes, 8 de abril de 2014

Mas allá de la prevención cuaternaria.

Hoy me llegó por mail una invitación a leer un artículo de un blog que pueden encontrar entre la lista de recomendados que ven a la derecha llamado nogracias.eu, en el post se habla de la prevención cuaternaria, y de la necesidad de ir mas allá y comenzar a plantearse una nueva etapa, más allá de la anterior a la que se propone llamar quinaria.

Les recomiendo leer el artículo "Evitar el daño causado por la medicina: de la prevención cuaternaria a la quinaria", del que me tomé la libertad de tomar unos fragmentos:

"Por supuesto, esta llamada al fin del optimismo, no rechaza a los crónicos sino la idea de que su bien deba sustentarse en el supuesto falso de que la muerte y la edad avanzada pueden ser vencidas o ignoradas, de que la vida solo tiene interés si se prolonga y de que no hay nada que decir sobre el valor y las contribuciones intrínsecas de los ancianos
No es el envejecimiento ni la muerte en sí misma lo que resulta censurable sino el envejecimiento cruel y la muerte indecorosa, retos para los que son la política y los cuidados los que pueden dar respuestas y, en mucha menor medida, la medicina científica y la tecnología impulsados por el mercado"

En sus últimos párrafo explica claramente que no vamos a ayudar a nadie basándonos en el supuesto de la inmortalidad y la eterna juventud.
"No ayudaremos los sanitarios trasladando a los enfermos crónicos y ancianos la idea de que solamente la falta de recursos o de sistemas de gestión más sofisticados se interponen entre sus deseos y las limitaciones que muestran sus cuerpos
No ayudaremos los sanitarios a los jóvenes si inspiramos en ellos el deseo de vivir hasta una vejez en la que simplemente se alargue de modo indefinido la vitalidad de la juventud y se vea la muerte como un fracaso de la medicina
 No ayudaremos los sanitarios al futuro de nuestra sociedad si permitimos una escalada incesante de los gastos sanitarios para crónicos y ancianos alimentada por un falso altruismo mientras se limitan otras actuaciones dirigidas a mejorar realmente sus condiciones de vida sin demasiadas resistencias"

jueves, 3 de abril de 2014

Sobre calidad en la Atención Médica


" Cuando una atención es innecesaria o excesiva es probable que no esté contribuyendo a lograr mas bienestar para el enfermo, además es también pobre en calidad ya que implica un cierto riesgo no contrabalanceado por la posibilidad de lograr un beneficio... por otra parte, también desaprovecha y dilapida recursos, es decir, es pobre en eficiencia, lo que agrega un demérito en la evaluación de calidad."

".. más atención no es sinónimo ni mucho menos de más calidad, por lo menos a partir de cierto punto más allá del cual el agregado de servicios o prestaciones no sólo no agrega valor, sino que lo disminuye, acrecentando los riesgos para el enfermo y los costos para quién lo paga."



Administración Hospitalaria
Lemus, Aragues, Lucioni

miércoles, 8 de enero de 2014

Los Bichos Raros - Del Dr. Sebastián González.

Hace ya unos años terminé la carrera de medicina, carrera larga, por momentos jodida, pero con varias gratificaciones. Una de ellas es la gente que uno conoce y se queda, a veces sin ver seguido, pero se la queda en algún lado, más en estos tiempos 2.0 donde la comunicación si bien no es a veces todo lo fluida que uno quisiera, por falta de tiempo, ganas, momentos, etc. (excusas varias), existe.

Este es el caso de Sebastián, una entrañable persona y excelente profesional con el que compartí parte de la carrera y alguna rotación del internado, incluso con otros compañeros supimos pasar muy bien un fin de año estando de guardia.

El arrancó para los niños, los niños graves. Y todas las semanas (o casi todas) nos envia alguna joyita, nacida de la catarsis, o de quién sabe donde. Porque aparte de todo escribe bien, de todos modos no es la primera vez que hay algo escrito por el metido acá.

Pero aprovecho que el no quiere abrir un blog, y le plagio las cosas, así que les dejo su saludo de fin de año:


Los Bichos Raros
A los que cuidamos niños graves, nos suelen pintar de distintas maneras. El imaginario médico y de la población general, nos ve como bichos raros. A pesar de que esto tiene tendencia a la veracidad, hay veces que nos encasillan en clichés tan variados como indefinidos. Pienso que la mayoría no nos entiende, ni puede entender que encontremos satisfacción donde la mayoría de la gente ve sufrimiento.
 Nuestros familiares son los más acostumbrados y tienen la paciencia de escuchar nuestras catarsis cuando volvemos a casa. A pesar de la rutina de oírnos disertar sobre las cosas vividas en la cotidianidad de nuestros trabajos, todos recordamos la cara de espanto de nuestros padres cuando les dijimos que nos íbamos a dedicar a esto... ¿Ceteí pediátrico? ¿Estás seguro? Bueno si es lo que querés... y nos abrazaban cruzando los dedos a nuestra espalda para desearnos suerte en ese camino peligroso y desconocido.... ¡Habiendo tantas cosas para hacer en medicina y te metés en ese baile mijito!
Cuando estamos en alguna reunión donde no hay médicos (todos los galenos sabemos que sólo hacen falta dos médicos juntos como para que terminen hablando del casi único e inevitable tema de conversación: la medicina), la gente, al preguntarnos a qué nos dedicamos y escuchar nuestra respuesta, quedan con el gesto congelado. Silencio. Quedan tiesos y sin saber para donde agarrar... Y nosotros, acostumbrados a la reacción, seguimos comiendo los pebetes en la fiesta.
 Para nuestros colegas pediatras estamos bastante mal de la cabeza. Ni les cuento los colegas de adultos, que ya ven en un pediatra a un ser bastante histérico y obsesivo... Nos ven como sanguinarios, no entienden cómo podemos hacer las cosas que les hacemos a los niños, eso de meterles tubos, punciones y maniobras invasivas a un ser tan pequeño e indefenso. Entran a las unidades con miedo y como pidiendo permiso, sin saber qué tocar y qué no tocar... A esto también ayuda nuestra fama de gruñones malhumorados, de soberbios y todopoderosos. Detrás de las puertas de los ceteís se abre un mundo oculto y desconocido, incluso para la mayoría de los médicos. Los mitos florecen como dentro de una cueva sin fondo. No voy a detallarlos porque sería inútil. Cada uno que reciba este escrito, puede hacer el ejercicio de elegir los adjetivos para pintarnos. Yo me limitaré a darles algunas pistas para que entiendan, si pueden, nuestros desvaríos.
Cuando ingresa un niño grave a ceteí, no se sabe si volverá a salir. Por la otra puerta está la muerte y nosotros hacemos todo para que no lo abrace y se lo lleve. Esto último va a seguir sucediendo mientras que haya vida: la muerte es patrimonio de los vivos. Y aunque parezca en estos tiempos que nadie se puede morir, lamento informarles que están muy equivocados. La sociedad actual además no soporta la muerte de nadie, menos la de un niño.
Durante este viaje (la internación) los intensivistas tendemos a hacer de más, es cierto. En esa lucha despiadada contra la enfermedad -para poner un ejemplo- solemos usar muchos antiinfecciosos a ciegas, asustados. Los pediatras que reciben a los niños sobrevivientes critican nuestros excesos ("mirá cómo le pusieron Vanco - Meropenem de nuevo"...), la mayoría de las veces con razón. Pero los invito un día a suspender un antibiótico estando el niño grave y sin saber que derrotero va a elegir la enfermedad. Tomá la lapicera y poné que está suspendido. No es fácil. Este ejemplo lo pongo para demostrarles que vivimos con incertidumbres. En un ceteí se vive palmo a palmo con la desesperación, con la desolación. Nadie nos enseña (¿y es que alguien puede?) la forma en cómo decirle a un padre o una madre que su hijo se puede morir. Todos aprendemos a los tropezones y nos vamos haciendo cayos en la garganta a medida que pasa el tiempo. ¿Y cómo decirle que no sé si va a sobrevivir? ¿Y cómo confirmarle que su hijo va a quedar con secuelas luego del accidente si tiene la cabeza destrozada?
Encima somos poquitos. Nos conocemos todos, con las fortalezas y debilidades que esto trae. Les cuento bajito que somos bastante chusmas. Nos pasamos comentando las experiencias que tuvimos en la guardia de la que venimos y a la que vamos. Vivimos saliendo y entrando a las guardias mareando de lugar los pacientes. Porque venimos de una guardia donde estaba Juancito que tenía tal cosa y le pasamos a nuestro compañero que se volvió loco con el corazón de Jimenita en tal lugar.... Las guardias son hitos hasta para nuestra propia historia. Las agendas todas tachoneadas de cambio de guardias lo reflejan. "Mi hijo cumplía años y yo estaba de guardia en tal lugar porque no la cubrió nadie" "Aquel día que reventaron las torres gemelas yo estaba en tal otro lugar". 
El ceteí es un poquito nuestra casa. Olvidamos en ella prendas de vestir y el cepillo de dientes, dejamos en aquel otro lado la matera porque vuelvo en un par de días. Vamos dejando cosas en los cuartos médicos y lo vamos pintando con detalles nuestros, como dejando nuestra huella, como dejando marcas en el sendero de nuestras carreras. En las unidades hay recuerdos de todos los que por allí pasamos. "Aquella cosa la trajo fulanito, aquella otra cosa es de sultanito". Muchas veces nos adueñamos sus pobladores -los gurises- , que nos dieron tanto trabajo y vemos de reojo a los familiares si no los cuidan como nosotros querríamos. Nos cuesta entender que esos hijos, no son los nuestros.
Hay entre nosotros matemáticos, físicos y químicos avezados sin saber que lo son. El manejo de fórmulas, cuentas (¿qué haríamos sin la regla de tres?) y números están a la orden del día. Basta con ver las evoluciones de la historia clínica. Vemos en el cuerpo humano una hermosa y compleja maquinaria que no anda bien e intentamos adentrarnos en el mundo de su entendimiento. Y nuestro laboratorio son los enfermos. Nos transformamos en videntes tratando de descifrar las caras ocultas de la enfermedad: vemos en la polipnea con transpiración acidosis, en los mocos bronsoobstrucción y disminución de la compliance, vemos en la mala perfusión un láctico alto y células sufriendo, en el pañal seco o la piel amarilla un riñón o un hígado que no funcionan, en los ojos cerrados la corteza dañada. Intentamos una tratamiento nuevo de rescate y siempre estamos empujando los límites de la propia existencia. La clarividencia nos juega malas pasadas si abusamos de ella y olvidamos que detrás de la máquina rota hay una persona con otras personas alrededor. Que un niño no es un monitor pitando ni una alarma encendida, sino que hay cosas que aún estamos lejos de entender y que siempre debemos tener algo de médico artista y nunca perder el olfato (que sólo el que lo tiene siente) de que aunque todo indique que todo está bien, algo NO está bien. El "este no me gusta" tan famoso...
Nuestras armas no son el estetoscopio ni la túnica ni el martillito de los viejo semiólogos, sino la calculadora en el bolsillo anterior del equipo de trabajo al lado de la lapicera y en la mochila guardada una libretita donde anotamos fórmulas, dosis, algoritmos de tratamiento. ¿Y qué es sino la desnudez cuando olvidamos estos implementos en algún lado y nos faltan cuando entramos a una guardia? Afrontamos a diario nuestros temores y esquivamos como podemos a la parca, que nos visita a menudo. Somos exploradores y aventureros. Osados, porque muchas veces no tenemos tiempo para pensar las cosas dos veces. Por suerte faltan los cobardes.Tomamos decisiones duras todo el tiempo, en cada momento. 
A pesar de ser científicos, la religiosidad nos rodea y muchos la tienen a flor de piel. Será que el sufrimiento desnuda lo mejor o lo peor en los seres humanos y en las camas de los ceteís quedan expuestos tal cual son. Hacemos psicoterapia con las familias, debemos ser tolerantes con las creencias e intentar explicar cosas inexplicables. ¿Cómo explicarle a un padre que su hijo que hacía unas horas estaba jugando en la pileta de su casa ahora está en muerte cerebral? Nos volvemos traductores y políglotas según el bagaje sociocultural de los pacientes que atendemos. ¿Imaginan las diferencias entre darle un informe médico de algo grave a un padre burgués o a uno sumergido en la más baja de las pobrezas?
Los intensivistas no dejamos de ser pediatras, y como tales tenemos la cronosensibilidad a la orden del día. El tiempo es oro y lo medimos en horas, minutos y hasta segundos. Las necesidades cambian con los quilajes, con las horas, con los días. En una misma unidad podemos tener con una neumonia grave a un lactante de 2 meses que pesa 4 quilos y a otro de 14 años que pesa 50 kg. La misma enfermedad en esos dos pueden no tener nada que ver en términos concretos. No es lo mismo la primera hora de ventilación asistida que el décimo día. No es lo mismo un paro cardíaco de 1 minutos que el de diez. Cuando alguien deja de respirar a los 10 días de vida seguro tiene alguna enfermedad muy distinta al que lo hace con 5 años.
Nos cuesta decir basta. Solemos perder el sentido común, llevando a extremos las maniobras de reanimación porque es lógico que no toleremos que un niño se nos muera. Y le damos, le damos y a veces son los compañeros más lúcidos y de mayor trajinar en estas cuestiones los que nos golpean el hombro para que digamos basta, hasta aquí llegamos. En esos esfuerzos fútiles nos enroscamos y perdemos de vista lo que es calidad de sobrevida. Somos los primeros testigos de cómo la ciencia empieza a salvar pacientes que hace unos años morían sin remedios, pero creemos estar en una jungla cuando vemos los costos de tales avances. Hay niños que no debieran sobrevivir. ¿A costa de qué? ¿Para qué?
Solemos también crearnos corazas para soportar los golpes y sobrevivir los dolores. Ponemos caras de duros, pasamos como amargados y chillones, muchas veces prepoteamos y hablamos mal a nuestro entorno. Nos cansamos mucho. Dormimos pésimo porque nadie puede dormir bien y conciliarse con la almohada sabiendo que del otro lado de la pared hay niños con respiradores luchando por vivir. ¿Quién pega un ojo cuando está sólo de guardia? ¡Cómo se van tapando las arterias cuando suena el teléfono a las 3 de la mañana y la nurse nos avisa que cama tal está desaturando o que cama tal está convulsivando! ¡Y cuando suceden ambas ni les cuento!
Nos suelen tildar de millonarios. Que ganamos montón de plata la hora y que hacemos la plancha en las guardias porque a veces atendemos pocos niños. Vivimos la época en la que está de moda atacar a la mafia blanca. Les digo a los acusadores que apunten sus tiros a los mafiosos, y que los hay los hay, pero no en mi trinchera. Que no nos miren a los que vivimos de nuestro jornal, los que no cobramos nocturnidad (a sabiendas que trabajar cuando todo el mundo duerme destroza la arquitectura cerebral), los que cobramos facturando como cualquier comerciante (con respeto del gremio) sin derecho a las prestaciones sociales. Los que laburamos sin parar ni media hora para comer (se hace cuando se puede) 12 o 24 horas diarias. Les cuento también que no cobramos "acto médico" cada vez que intubamos a un niño (o cuando lo extubamos) o le ponemos una vía venosa de emergencia a algún niño moribundo. Tampoco nos consideran especialistas a pesar de que tenemos que tener 3 títulos para atender niños graves: médicos, pediatra e intensivistas. A esos que critican les cuento que estaría bueno que saquen las calculadoras y vean qué porcentaje representa nuestro sueldo comparado al resto de gastos derivados de la atención de un niño grave (de enfermería ni la saquen porque ya les digo que es una vergüenza). Vayan y sumen cuánto sale un cateter venoso profundo, cuánto sale el material blanco, cuanto salen los gases centralizados, cuanto sale un respirador andando 24 hs al día, cuánto salen cada ampolla de cada fármaco que indicamos y cada estudio que solicitamos. ¿Cuánto representa en términos económicos la muerte de un niño sano de 2 años?
¿Y entonces este grupo de masoquistas cómo hace? ¿Son o se hacen?
Lo que no ve la gente son las satisfacciones silenciosas que diario vivimos. En los pases de guardia fulano aguantó la extubación, fulanito dejó de hacer fiebre, que le pudieron suspender a aquel otro los goteos de vasopresores, que menganito abrió los ojos... Por suerte para nosotros se vive con esperanza. Por suerte para nosotros, los niños siguen ganándole a la muerte las más de las veces. Todos tenemos casos de niños desahuciados que de repente empiezan a recuperarse y a la semana están abrazando a sus padres de nuevo. Y te dicen chau con la manito o te dan un beso de despedida.
Comencé a escribir estas notas a fin de año pasado cuando me tocó estar de guardia. Había llegado a la unidad luego de pasear la ciudad que estaba abandonada y tapizada por almanaques ya viejos. Transité solitario en mi cochecito el pavimento citadino sintiendo al aroma de los fuegos prendido y viendo bengalas surcando  los cielos. Todo el mundo preparaba el copetín y las copas para brindar por un nuevo año y yo me dirigía a suplir a mis compañeros de guardia que salían hacia otra guardia. Estaban internados un par de gurises que estaban "de salida" como le decimos a los que vienen mejorando, pero estaba complicada con Angel, un precioso escolar que estaba agonizante en las últimas etapas de una enfermedad oncológica que lo llevó a estar en el ceteí. Con el pasé fin de año. Nos pasamos un rato largo con él, y cuando constatamos que ya más esa noche no podíamos hacer -sino esperar-, nos acomodamos a preparar el brindis acurrucados en el salón de enfermería. A la medianoche tras un tímido abrazo, todos mirábamos a través de los cristales del sanatorio el cielo exterior pintado de colores y fueguitos. Nos faltaban otros abrazos. Echas las salutaciones familiares telefónicas, a través de los cristales pude divisar a Angel con su padre. Éste le apretaba la mano mirando hacia afuera mirando lo mismo que yo veía. En un descuido observó cómo yo lo miraba. Sin hablar quedó todo dicho. Nos entendimos. A través del ventanal él pudo ver cómo mis labios decían "feliz año" de la manera que pude... Tuve como respuesta una gentil mueca de sentido agradecimiento.
Con la garganta echa un nudo quedé inundado de una culpa inmensa. ¿Cómo podía estar triste aquella noche sabiendo lo que estaba pasando aquel tipo? ¿Cómo bajonearme frente a aquel hombre que con el mayor dolor tuvo la grandeza de tener el más amable de los saludos? Enseguida supe que los únicos que podrían entender lo que yo estaba viviendo eran los otros bichos raros que estaban, como yo, de guardia en los otros ceteís, ayudando niños. No me quedaba otra: hacia ellos mandé el primer abrazo del 2014.
Hacia ellos y ustedes, mi abrazo de nuevo año.


Sebastián

martes, 19 de noviembre de 2013

Triaje

Extraido de: El Castellano

Palabra procedente del francés triage, equivalente al portugués triagem, se aplica en español en la jerga médica para referirse al método de medicina de emergencias y desastres para seleccionar los pacientes que deben ser atendidos con prioridad, considerando las posibilidades de supervivencia. Tiene el mismo origen del verbo triar. 'escoger, separar, entresacar', en su primera acepción, pero no abarca exactamente el mismo campo semántico. Triaje es más específico y parece haber ingresado directamente desde el francés y no por derivación mediante el sufijo -aje. Tiene el mismo significado que el inglés triage, también tomado del francés.

El verbo trier aparece atestiguado en romance francés desde el año 1175 con el significado de 'escoger entre un cierto número de personas o cosas y separarlas del resto'. El vocablo se formó a partir del latín vulgar tritare y este del latín clásico terere 'aplastar, triturar, moler', según el lingüista francés Albert Dauzat. Plinio decía terere in farinam para significar 'reducir a harina, moler'.

En el Corpus de Referencia del Español Actual (CREA) aparecen algunos casos de triaje con su denotación médica, pero no aparece recogido en el diccionario, al menos en la edición de 2001.  

miércoles, 16 de octubre de 2013

Campañas: RCP con el Nano Folle - Uruguay

Los primeros minutos luego de un paro cardíaco son claves para salvarle la vida a la persona que se acaba de desplomar. El problema es que no todas las personas saben actuar ante estos hechos y por ende el final suele ser trágico.

De esta problemática se intenta hacer cargo la siguiente campaña llamada RCP Solo con las manos, campaña enfocada a los medios masivos de comunicación y al personal no sanitario.

De ahí que la Comisión Honoraria para la Salud Cardiovascular tomó las inciativas de la British Heart Foundation (con Vinnie Jones), y de la AHA con (Ken Jeong) y puso al Nano Folle a hacer RCP solo con las manos en un spot que esperemos se replique.


RCP solo con las manos - Nano Folle

lunes, 7 de octubre de 2013

“Todos los países pueden hacer algo, muchos de ellos mucho, para mejorar la eficiencia de sus sistemas sanitarios, liberando así los recursos que se podrían emplear para cubrir a más gente, más servicios y/o más gastos.”